Arzua – Pedrouzo – Santiago de Compostela

Poder recorrer este penúltimo tramo del camino con mis compañeras ha sido una experiencia extraordinaria.

El primer día aunque cansado, no fue demasiado difícil, los lugareños de Arzua eran muy hospitalarios y en todo momento nos han ayudado en lo que necesitábamos.

El segundo día por Pedrouzo, aunque difícil por las cuestas , era precioso ya que pasamos por unos bosques de cuento llenos de contrastes y cambio de color . Aunque las cuestas eran muy “costosas” se hacían menos pesadas por el ánimo y el apoyo del grupo. Además hemos tenido un camino muy agradable en cuanto al clima, ya que aunque era un mal mes en Santiago de Compostela tan sólo nos llovió a penas unas gotas este día.

Al final del día nos encontramos una peregrina de 23 años que iba sola, y cuando nos enteramos, al ver su cara de cansancio, no sabíamos cómo poder ayudarla. Nos pareció admirable, venía desde Roncesvalles llevaba 32 días caminando sola y ese mismo día hizo 35 Km, la llevamos al albergue de Monte do Gozo, le dimos toda la comida que llevábamos, con el fin de aportarle algo. Estábamos asombradísimas de ver en un cuerpecito tan pequeño una gran fortaleza; la despedida con ella fue muy emotiva, con un gran abrazo. Esto demuestra el espirítu y los grandes sentimientos que despierta recorrer estos lugares con una meta.

Como síntesis hemos tenido muchísimos momentos de risa, cansancio, serenidad, pero todos ellos muy intensos y muy agradables junto con nuestras compañeras.

Y sin lugar a dudas, el último tramo en Monte do Gozo con el resto del grupo fue asombroso, ver esa marea amarilla tan grande, sinceramente, ha merecido la pena realizar el camino con mis compañeras, nos hemos convertido en una piña ¡somos un gran equipo!

Gracias a Aristo por dejarnos vivir esta bonita experiencia.